EL DESCONOCIDO

-Me gusta mucho hablar, si pudiera pasaría hablando el día entero,
pero no soy un charlatán, tambien sé escuchar...Se oír muy bien lo que
no se dice con las palabras.

Como no había nadie más a mi alrededor me pareció tonto preguntarle si
se dirigía a mí. Algo en su mirada me inspiró confianza y pensé que era
necesario darle alguna explicación.

-Estoy esperando a una amiga - le dije - , pero he llegado demasiado
adelantada.

El hombre encendió un cigarrillo y se me sentó al lado en el banco de la
plaza.

-Nunca nadie se adelanta demasiado - me respondió -. Deje caer su reloj
al suelo y recoja solo la última hora.

Afirmó la cabeza en el respaldar del banco y siguió hablando.

-El tiempo es algo muy inquietante...Se va igual de las manos del
analfabeto que del sabio, del pobre que del rico. Nadie ha sido capaz de
inventar una fórmula para retener el tiempo.

Miré el reloj con disimulo. Comenzaba a sentirme un tanto incómoda
junto al desconocido, pero me pareció de mal tono cambiarme de lugar.

-El tiempo nos usa y nos abusa...Alguien dijo una vez que lo único
diferente entre un tiempo y otro es lo que uno aprende, pero el tiempo
sigue avanzando. ¿Ha tratado alguna vez de animarse lenta, muy
lentamente?

Sin darme tiempo a contestar, se incorporó bruscamente y subió el tono
de su voz.

-¡Imposible!...Antes de que uno alcance a darse cuenta la mente entra en un
ritmo vertiginoso de torbellino...¡Por eso ahora se mata con más rapidez
que antes! ...¡El ansia de poder seguir destruyendo al ser humano!

A mi primer intento de levantarme del banco me tomó firmemente de un
brazo obligándome a permanecer sentada junto a él.

-Visite los cementerios...Es la conciencia individual la que está en
crisis.

Me desprendí de su mano y comencé a caminar. Lento primero, más ligero,
más ligero...Llegué a mi departamento casi corriendo. La voz del
desconocido vibraba en el aire...

¡¡..........LAS SEPULTURAS ESTÁN LLENAS DE RELOJES ...........!!

Traté de serenarme. Al fin y al cabo nada de lo que yo hubiera podido
hacer habría servido para ayudarlo a salir de su obsesiva lucha contra
el tiempo. Abrí las ventanas pero el ruido de la calle me resultó
insoportable. Había hecho bien dejándolo solo. Me costaba respirar, era
como si efectivamente el tiempo se hubiera detenido, pero él había dicho
que nadie nunca ha logrado detener el tiempo.

Comenzaba a anochecer y decidí distraerme escuchando las noticias.
Encendí el televisor y casi sin alcanzar a darme cuenta de lo que veía
ante mí, un grito de mujer me hizo pegar un salto. Se oyó un disparo, un
hombre salió corriendo, luego otro disparo...El hombre se desplomó y no
volvió a moverse. Una gran multitud se agolpó junto al cuerpo del caído
pero los vidrios destrozados de la relojería cubrieron por completo la
pantalla del televisor y no pude saber exactamente qué hora era.

by María del Solar

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